Me gusta escribir
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LAS BROMAS DE PEDRO

Sofía tiene diez años cuando escribe esta poesía.

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A Pedro le gusta hacer bromas,
en los lugares donde hay tronas
Todos los lunes hace eso,
y siempre se encuentra un hueso.
Un día fue a la cocina
a ver a su amiga Martina,
le contó todo lo que hacía,
y le escuchó Sofía.
Al terminar el día,
le regañó su madre, Lucía.
Ella no sabía lo que él hacía,
pero se lo contó Sofía.
Pedro se disculpó,
y luego le contó
que hacía las bromas
en los lugares donde hay tronas.

EL ELEFANTE CON LAS OREJAS GRANDES

Sofía tiene diez años cuando escribe esta poesía.

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El elefante con las orejas grandes
siempre estaba rojo como dos tomates,
porque sus amigos se burlaban de él.
Un día su madre habló con su padre para mudarse,
pero con la tormenta, iban a ahogarse.
Entonces los elefantes aprendieron a no burlarse
del elefante con las orejas grandes.
El elefante estaba contento
porque había llegado el momento.
El momento de jugar
sin que nadie se vaya a burlar
del elefante con las orejas grandes,
que ya no está rojo como dos tomates.

EL CABALLO QUE QUERÍA VOLAR

Sofía tiene diez años cuando escribe este cuento

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Había una vez un caballo que quería volar. Vivía en una graja a cuyo granjero le encantaba la mecánica: todos los artefactos de la granja los había hecho él.

Cuando el caballo decía que él soñaba con poder volar, el resto de los animales se reía de él.

—¿Por qué no dejas ya esa fantasía, caballo loco?—, decía el cerdo.
—¡Déjame en paz, cerdo, yo soñaré lo que quiera!—, contestó el caballo.
—Sí, señor, puedes soñar lo que quieras, ¡pero hacerlo realidad…! Yo no lo creo —, dijo esta vez el burro.

El caballo, con lágrimas en los ojos, se fue hacia el granero para ver al granjero.

—Granjero, ¡todos lo animales se burlan de mí!
—¡Ah, si! Pues no tenía ni idea. Tu siempre has soñado con volar, ¿no? ¡Ah, ya sé, ven mañana a las doce! ¿Ok? — siguió el granjero. El caballo asintió.

Al día siguiente, a las doce, el caballo fue al granero y el granjero estaba allí.

—¡Tachán! Son unas alas mecánicas para que puedas cumplir tu sueño de volar. ¿Te gustan?
—¡Muchas gracias! ¡Me encantan! ¿Me ayudas a ponérmelas?

Cuando los animales vieron al caballo salir volando del granero, le dijeron:

—¡Lo sentimos mucho, te habíamos juzgado mal! ¡Tú puedes conseguir lo que quieras!

El caballo, agradecido, respondió:

—¡Muchas gracias chicos, pero no lo he conseguido solo, el granjero me ha ayudado también! Además, por eso hay que ser amables con los demás, porque luego ellos serán amables contigo.

LAS CINCO ESTRELLAS HABLAN DE MI HERMANO

Sofía tiene nueve años cuando escribe esta poesía

Hay cinco estrellas, yo siempre bailo con ellas.
Cuando voy a Marbella, con ellas como paella.
Cinco estrellas son, yo las quiero un montón.
Dicen que mi hermano es un bribón, porque es juguetón,
Le gusta el melón de mi primo «clouseau»,
que es muy jugoso y él lo come como un goloso.


Mi FAMILIA

Sofía tiene nueve años cuando escribe esta poesía

Esta poesía está dedicada a los miembros de mi familia.

Mi familia,
es mi reliquia.
Hay tanto amor,
que es conmovedor.
El pequeño, Adrián,
mi bollito de pan.
La mediana, yo, Sofía,
la que siempre hace la poesía.
Alejandro, el mayor,
el más trabajador.
Beatriz, mi mamá,
que siempre me amará.
Antonio, mi papá,
que nunca se marchará.
Y todos juntos somos,
el equipo «¡A POR TODO!»

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EL DÍA DEL CONCURSO

Sofía tiene ocho años cuando escribe esta poesía

Premio de Poesía Infantil del certamen organizado por el Ayuntamiento de El Ejido con ocasión del Día Internacional del Libro 2023

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El día del concurso
Sofía quería hacer una poesía
y se tiró todo el día.
Al día siguiente se enteró que había un concurso
al final del curso.
Sofía estaba tan entusiasmada,
que se cayó al agua y se quedó empapada.
Ella llegó a su casa y empezó a escribir su poesía.
«¿Por qué la primavera es fría?»,
decía el gato congelado,
y, entonces, se cayó de lado.
Llegó el día del concurso,
y Sofía se presentó con su hermano mayor, Ataulfo.
Llegó la hora de interpretar
y Sofía se empezó a expresar.
Cuando terminó el concurso,
Sofía gritó: ¡Qué bien! ¡Qué bien!
¡Yo he ganado una medalla también!


Escuchar el poema


EL VERANO

Sofía tiene ocho años cuando escribe esta poesía

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En verano,
el sol es claro,
cada día,
es alegría.
Cada día de sol,
te das un chapuzón,
¡que divertido es el verano,
cuando lo estás contando!
Aunque haga calor,
se pasa mucho mejor.


VIAJE AL MUNDO SUBMARINO

Sofía tiene ocho años cuando escribe esta historia

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Os voy a contar la historia que nos pasó a mis amigas y a mí que nos llamábamos: Gabriela, Ángela, Julia, Delia y yo, Sofía. Nosotras teníamos dieciocho años y queríamos viajar al mundo submarino. Y dijo Ángela:

—¡Chicas, vamos a viajar al mundo submarino con móviles impermeables!

Y las demás dijimos:

—¡Síiiiiiiiii!

Entonces preparamos nuestras cosas y nos fuimos.

Cuando llegamos a la playa nos pusimos nuestros collares mágicos para poder respirar debajo del agua y nos metimos en ella.

Cuando llegamos al mundo submarino, yo empecé a hacer fotos, y cuando las demás empezaron también a hacer fotos yo vi a una sirena y dije:

—¡Chicas, allí hay una sirena! ¡Vamos a verla!

Las demás me siguieron, y cuando llegamos a ella, Gabriela preguntó:

—¡Hola! ¿Cómo te llamas?

Y la sirena dijo:

—Me llamo Tintabel.

—¡Hola, Tintabel! Yo me llamo Gabriela y ellas son Sofía, Angela, Julia y Delia —,dijo.

Todas nos hicimos amigas en un plis, plas. Y Julia preguntó a Tintabel:

—Oye, Tintabel, ¿qué haces tú sola por aquí?

—Es que mi familia y yo somos pobres y tenemos que hacernos una casa. Yo soy la encargada de recoger el material y hacer la casa—, respondió Tintabel.

Entonces Delia tuvo una idea:

—Tintabel, Sofía hace casas en una hora y os podría hacer una para ti y tu familia. ¿A que sí, Sofía?

—¡Pues claro que sí! ¡Se me da muy bien hacer casas en una hora! —. Y me puse manos a la obra.

Cuando terminé, Tintabel me pidió más cosas y yo se las hice. Cuando terminé, Tintabel nos dio las gracias a todas y le dimos todo el dinero que llevábamos encima.

Cuando volvimos a la superficie, yo volvía una vez al año y cada vez, le regalaba una cosa a Tintabel y todas vivimos muy felices.

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LA NOCHE DE HALLOWEEN

Sofía tiene ocho años cuando escribe esta historia

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Érase una vez un niño que se llamaba Ricardo.

Ricardo tenía a su mamá, Lidia, a su papá, Manuel y a su hermana mayor Julia. Ellos vivían en Madrid en 1832.

A Ricardo y a Julia les gustaba hacer trastadas. La noche de Halloween se vistieron todos de vampiros con una capa negra sobre un traje negro. Después salieron a la calle a hacer «truco o trato». ¡Pero se había puesto a llover!

Ricardo y Julia se pusieron tristes porque no podían salir. Y Ricardo djo:

—Mamá, no podemos salir a hacer «truco o trato».

Y la madre contestó:

—¡Lo siento mucho, chicos! No podemos salir porque hay tormenta.

Ricardo y Julia estaban muy tristes, pero Julio tuvo una idea y dijo:

—¡Chicos, podemos hacer «truco o trato» en casa y jugar a hacer programas!

—¡Es una gran idea! —, dijo el padre.

Se pusieron manos a la obra y bailaron. Bailaron, jugaron, vieron la televisión y también hicieron una tele de cartón e hicieron un programa imaginario que se titulaba El cuento de Ricardo, Julia, Lidia y Manuel.

Pasó la tormenta y, todos contentos, hicieron una fiesta.

LA PRINCESA Y EL HADA CON DIEZ ENANITOS

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Sofía apenas ha cumplido seis años cuando escribe esta historia

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Un día, la princesa Nátali y su amiga el hada Úrsula se encontraron con los hermanitos de Nátali, y eran diez enanitos.

Entonces los llevaron muy, muy rápido, al castillo. Inmediatamente, entonces, los reyes se alegraron muchísimo de que habían vuelto, entonces celebraron una gran fiesta.

Pusieron comida, también pusieron bebida y también pusieron música para bailar. Y todos estaban muy contentos.

Y llegó un momento [en] que coronaron a la princesa.

Y estuvo muy feliz en toda su vida. Y estaba muy emocionada porque le habían coronado.

FIN

Para el maestro Moisés.

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