Todos inmigrantes no son iguales
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¡Tampoco todos los inmigrantes son iguales!


No, TODOS LOS INMIGRANTES NO SON IGUALES. Hoy lo he conocido en primera persona.
Mañana de domingo. Me presentan una familia integrada por una madre —abogada— con dos hijos. El mayor es estudiante de fisioterapia y la pequeña —de quince años— cursa secundaria. Son venezolanos.

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Llegaron a España en los primeros días de noviembre sin más bienes que su vida— en este momento, en su tierra, seriamente amenazada—.

Sus delitos: el joven escribe algún artículo en una humilde revista académica catalogada como «liberal-conservadora».

La madre ha ejercido de «testigo» supervisor del recuento de votos en una mesa electoral durante las últimas elecciones de su país. Además, se declaran católicos practicantes. La gravedad de tales acciones les obligó a cambiar de domicilio, primero, y acudir a la «madre España» después.

Pero para ellos no ha habido alojamiento en acogida. Tampoco en algún hotel muy estrellado. Un compatriota, también en condición de huido, les acoge temporalmente en su precario domicilio.
Han solicitado la condición de asilados políticos: Denegada. Como mucho, en unos meses, podrían obtener una situación medianamente legal, pero solo «por razones humanitarias».

La documentación que aportan, sus pasaportes, tampoco sustentan las peticiones de ayuda elevadas a organismos y asociaciones con y sin «ánimo de lucro», donde se han dirigido— Cruz Roja entre ellos—. Han de esperar, dicen, la decisión gubernamental.

Sobreviven gracias a Cáritas y a la generosidad de vecinos que les proporcionan algo de comida y, lo que más agradecen, un hálito de esperanza. La adolescente, tampoco ha podido ser escolarizada. La Delegación de Educación le exige un empadronamiento hoy imposible.

Ellos, no lo entiende. Yo, confieso que tampoco.



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