
Ascensión
Primera lectura: Hch 1,1-11.
Salmo responsorial: Sal 46.
Segunda lectura: Ef 1,1-11.
Evangelio: Mt 28,16-20.
La vida es difícil para muchas personas. Con frecuencia nos agobiamos por los problemas que se nos presentan, especialmente en estos momentos en que tantas personas lo están pasando mal a causa de la pandemia que padecemos. Muchos han perdido su trabajo, otros han tenido que cerrar sus negocios y ven problemática su reapertura, hay muchos conflictos sociales y políticos. Y, lo que es más triste, sólo unos cuantos parecen estar contentos y han salido beneficiados. La mayoría de las personas se sienten agobiadas, inseguras, sin perspectivas en su vida. Esto provoca una sensación de incertidumbre y mucha tensión. Hay quien puede llegar a hacerse esta pregunta: “¿Vale la pena seguir viviendo, seguir luchando?”
Hoy, al celebrar la fiesta de la Ascensión del Señor, tenemos una gran oportunidad para descubrir el verdadero sentido de nuestra vida, reflexionar sobre nuestra situación, examinar hacia dónde se dirigen nuestros pasos y llenarnos de esperanza. Cristo se nos presenta triunfante y glorioso después de haber terminado la misión que Dios le había confiado.
El Hijo de Dios que se había hecho hombre, que había asumido nuestro dolor y nuestra muerte, que comprende nuestro caminar, hoy es elevado a los cielos. El libro de Los Hechos de los Apóstoles nos cuenta como Jesús es elevado al mundo de lo divino. Y en el Evangelio, Jesús mismo asume que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. No en el sentido del poder humano, sino en el sentido del Ser que da vida, que crea armonía y paz. Los discípulos no lo entienden y preguntan si ahora sí va a restablecer la soberanía de Israel. Piensan en el poder meramente terreno.
A nosotros nos pasa lo mismo, nos cuesta trabajo comprender a Jesús. Equivocamos el camino muchas veces, confundimos Reino de Dios con poder, evangelio con conquista, paz con pasividad y sufrimiento con fracaso. Por eso cuando nos vemos desanimados, con las manos vacías, con el corazón destrozado; cuando descubrimos que el placer no es el amor, que el poder no es la felicidad, que el tener no es lo más importante del hombre, nos quedamos sin nada, sentimos un profundo vacío en nuestro interior. Entonces, Jesús nos muestra la forma de alcanzar el verdadero triunfo: seguir su camino.
En estos tiempos difíciles, la fiesta de la Ascensión de Jesús debe despertar en nosotros la esperanza, nos anima a cambiar nuestra realidad con la mirada puesta en el cielo.
Tenemos que construir el cielo aquí en la tierra, construirlo con nuestras propias fuerzas, con nuestros débiles recursos, pero contando con su presencia, con su ayuda. Construir el cielo es posible, no se trata de un cielo pasivo, angelical, donde no se hace nada y donde se tiene todo. Sino de un cielo que es presencia plena del amor de Dios que a todos nos hace hermanos porque tenemos un mismo Padre, un mismo Espíritu que habita en nosotros.
Jesús nos marca una trayectoria y todo un proyecto de vida, pero debemos empezar por saber dónde estamos y a dónde vamos. No podemos seguir viviendo agobiados, sin ver el sentido de nuestra vida. Cada persona tiene una misión. La Ascensión de Jesús nos invita a poner los pies en la tierra, pero mirando el cielo. La Ascensión se nos presenta como una cumbre, nosotros debemos subir a lo alto, pero poniendo atención en el camino para no tropezar.
Debemos pisar firme, pero sin perder de vista la meta trazada para no desviarnos. Y, no olvidemos lo más importante, Jesús nos promete: “yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. No estamos solos, nunca caminamos solos. Siempre a nuestro lado camina Jesús. Trabajemos todos llenos de esperanza en construir el Reino de Dios aquí en la tierra, pero mirando siempre hacia el cielo.
La Ascensión de Jesús al Cielo constituye así el término de la misión que el Hijo ha recibido del Padre y la puesta en marcha de la continuación de esta misión por parte de la Iglesia. Esta misión durará hasta el final del mundo y tendrá una nueva presencia del Señor resucitado, Él mismo lo dice: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.









